

Vamos a reunirnos alrededor de la mesa del Señor, compartamos el pan y el vino; oigamos su voz derritiéndonos de amor por Él, y al llegar al lugar santo, que lo reconozca nuestra alma, unida filialmente junto a su Corazón en acción de gracias. "Las palabras que brotan de nuestros corazones, ante la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, son palabras de gratitud: Gracias Señor por haber querido quedarte en el tabernáculo", (Ascética Meditada, Salvador Canals) y gracias por haberte hecho pan para alimentar nuestros cuerpos fatigados.
Que sublime misterio que supera hasta el más sabio de los hombres, hay cosas que no entendemos, pues no alcanza la razón más si las vemos con fe, entrarán al corazón. Cristo siempre ha hecho maravillas, en un doble amor: amor a su Padre y amor a sus hermanos, más ¿Qué sabio puede comprender eso? Que lo proclame aquel a quién se lo haya revelado el Señor (Jr 9, 11).
Este es el Sacramento del Amor, el único y verdadero, quien Cristo en su inmensa sabiduría, aquella noche de la cena de Pascua revela, primero a los 12, el memorial de su vida, luego ellos fielmente siguen con la perfecta encomienda, dándola a conocer a ti y a mí y a todos los de corazón humilde, de manera que compartamos la NUEVA ALIANZA que termina con la ley tan pesada de nuestros antepasados. Vivimos ya tiempos nuevos, el tiempo de la vida en Cristo, quien es el camino que conduce al cielo, ya que por impulso del Espíritu Santo, Jesús entrego su vida derramando su sangre, para que nosotros tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Por eso para nosotros debe ser el mayor Tesoro que la Iglesia puede darnos, Jesús Eucaristía, donde, Cristo, manifiesta el ardiente deseo de permanecer cerca de nosotros, y más aun podamos contenerlo en nuestro cuerpo, porque una vez manchado por el pecado, nuestra comunión significa la restauración de la gracia divina donde Dios nos recibe como Padre amoroso, y nos perdona cuando nuestro corazón es humilde. Y esa humildad la tenemos en ejemplo, que siendo Dios mismo ha quedado oculto bajo la apariencia del Pan y del Vino. Un pedazo de pan que mis manos pueden triturar, que mi boca puede disolver; ¿ahí esta Dios?; ¿Cómo siendo Dios prefiere estar en un pedacito de pan que cualquiera puede hacer una profanación?; sólo sabemos que el Sí sabe ser humilde; al nacer en un pobre pesebre, al morir como el peor de los malhechores, al dejarse habitar dentro de cada uno de nosotros; pero es acaso ¿Qué pueda ser contenido?, "porque no te dan consistencia los vasos llenos de Ti, ya que aunque se rompan, Tú no te derramas. Y cuando te derramas sobre nosotros, no caes por los suelos, sino que nos levantas. Tampoco te desparramas, sino que nos recoges a nosotros"(Confesiones de San Agustín, libro primero)
“Señor, el otro día fui a visitarte a tu casa, quise descalzarme porque mis pies entrarían a un lugar sagrado, y ahí al fondo estabas, sentado en uno de los escalones, con mirada serena, pero al verme te levantaste sin ocultar tu emoción y me llamaste. Me derretí completamente, no sabía que me esperabas”.
Si tuviéramos los ojos del alma abiertos, nos daríamos cuenta de que esa experiencia la hemos tenido todos. Sí tan solo supiéramos cuanto bien le hace a nuestra alma postrarnos ante nuestro Salvador. "Y Tu mismo eres quien le estimulas para que encuentre deleite en alabarte, porque nos has creado orientados hacia Ti, y nuestro corazón estará intranquilo hasta que descanse en Ti" (San Agustín)
No dejemos que la soberbia de nuestra creencia de ser autosuficientes, cieguen nuestro amor por lo más sagrado depositado en cada una de nuestras parroquias. Vamos al encuentro de Dios, celebrando en comunidad la gracias de pertenecer al linaje del 3 veces Santo, a quien todo le pertenece. Solo escucha las palabras del Maestro: “Tomen: esto es mi cuerpo”; “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos”, te dice a ti en lo más intimo de tu ser: "quiero llenarte, unirte a Mi, y juntos unidos al Padre en perfecta plenitud" ¿Qué más te faltaría?
En nuestro caminar por el desierto, "es el pan que del cielo baja es comida de viajeros. Es un pan para los hijos. ¡No hay que tirarlo a los perros!" (Secuencia, Celebración del Cuerpo y la Sangre de Cristo, Misal Romano).
Concédenos, Señor, disfrutar eternamente del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMEN.
De-cierto tiene que tu alma no puede nutrirse
y saciarse de otra cosa que de Dios.