miércoles, 11 de marzo de 2009

El mensaje del Desierto


Ante una pregunta: ¿cómo se llama?

¿Cómo se llama qué? ¿Una imagen o El que está en la imagen? No, no puedo contestarlo, porque solamente su nombre es Muy Grande.

Me pregunto por fe, pero es que yo sé que no hay un truco o algo perfectamente considerado un buen consejo, no es algo que yo pueda perder o ganar. No al menos por mi simple voluntad humana, ya que es un regalo místico e inexplicable que Dios da a los que él quiere. Al decir que no lo siento, no lo veo, no lo escucho; estoy haciendo referencia de un Dios creado por mi; cuando Dios ES.

No puedo definirlo, no puedo contenerlo en la insuficiencia de mi capacidad intelectual y humana; sin embargo, tengo algo que se llama espíritu y alma que son los que están en constante interacción con su creador. Estos elementos que me conforman, son los desvalorizados por mí, por el hombre; porque me rehúso totalmente a ver más allá de lo que mis sentidos pueden percibir.

Sé que la aventura de la fe es incierta, árida en su totalidad. Dios así lo ha dispuesto. Tengo que esforzarme por mi unión con él y dejar de prestar atención a las experiencias de otros. Es una etapa en la que Dios me está disponiendo para vaciarme y llenare, es mi desierto; Un completo desierto en donde la oscuridad del alma se impregna en todo mí existir.

¿Te digo algo?

No olvides nunca tu historia de amor con Dios

cómo todo esto algún día empezó.

No temas preguntarte nuevamente, ¿en quién tengo puesta mi confianza?, ¿en mi o en Jesús? Si, ¿en quién confío?, ¿en mis fuerzas o en las de Él? ¡Es ahí donde el mensaje de mi desierto tomará sentido.

No es mérito mío, yo solo soy un acompañante más en este desierto que se llama vida. Mi conclusión es que el mensaje del desierto es: ser humildes, reconocer a Dios como el único que nos puede dar vida y vida en abundancia y saber que cuando tengo a Dios, no me hace falta nadie ni nada más.

Empezaré por ahí, sabiendo que lo único que debo desear no es el consuelo de los hombres; sino el de nuestro Padre.

(tu nombre), el pequeño de mis hijos, muchas gracias a ti,

¡Te amo!, solo mira tú existencia. Yo te bendigo.


De cierto tiene: por dedicarme tu tiempo, compartirme tus palabras a pesar del sueño. Gracias

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